Fiesta de la Luz en Lyon
La Fête des Lumières (fiesta de las luces) que se celebra en Lyon entre el 8 y el 12 de Diciembre es la mayor fiesta lionesa y reune alrededor de 4 millones de personas.

El origen de esta curiosa y espectacular festividad se remonta a 1852. El 8 de septiembre de este mismo año estaba prevista la presentación de una imagen de la Virgen Maria en la iglesia de Fourvière, pero una crecida del río Saona hizó imposible la celebración que se aplazó hasta el 8 de diciembre. Pero llegado este día, el clima no acompañó y se temía una nueva inundación, pero entonces el cielo se aclaró de golpe y los fieles encendieron velas en señal de reconocimiento y alegría. Desde entonces, todos los 8 de diciembre, cuando cae la noche, los lioneses encienden velas y las depositan en las ventanas y en los balcones de sus casas, y dando a la ciudad un ambiente cálido y misterioso.
Desde 1999 el Ayuntamiento de Lyon, con el objetivo doble objetivo de prestigiar los monumentos de la ciudad y de dar a conocer sus tradiciones, decidió crear la Fête des Lumières, que liga tradición del 8 de diciembre con las últimas evoluciones tecnológicas relacionadas con la luz.
Desde entonces los más prestigiosos artistas conceptuales y diseñadores, nacionales e internacionales, idean y exponen sobre los principales edificios y espacios públicos de la ciudad sus obras, con el único requisito que éstas deben tener la luz y el color como protagonistas. Se trata de una ocasión de excepción para visitar los principales monumentos de la ciudad de forma gratuita y bajo un prisma muy especial.
Es difícil explicar lo que es esta fiesta, así que mejor verlo.




Mont Saint Michel: una leyenda hecha realidad

Sorprendidos, desde su mirador, asistimos maravillados a la subida de la marea. Absortos, vemos como en pocos minutos el mar se adentra en la tierra, inundándola; como el agua se desliza cubriendo unas “playas” embarradas y cómo centímetro a centímetro la fuerza poderosa del mar se acerca hasta los mismos pies del monte sobre el que se levanta majestuosa la Abadía de San Miguel. Nuestra mirada se pierde en aquel mar atlántico, que en breves minutos ha convertido un inmenso llano de color marrón, en un azul intenso y profundo, y así, nuestra mente recuerda ese momento en que pusimos el pie por primera vez en Normandía.
Normandía… su nombre evoca muchos recuerdos y colores; por un lado, mar y azules; por otro lado, bosques y verdes; pero también ciudades medievales, y cómo no, aquel día de triste recuerdo que tenemos presente en nuestra mente por tantas películas que hablaron sobre el desembarco durante la Segunda Guerra Mundial en las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword. Y tras viajar en nuestras retinas, por sus costas, por Honfleur o por Caen, recordamos ese mágico momento en que con nuestro coche enfilamos la Gran Vía, la única carretera que conecta al Mont Saint Michel con el continente.
Allí al volante del coche, vemos aparecer, como si se tratara de un espejismo, entre la neblina la silueta fantasmal de la gran roca, coronada por la abadía benedictina de San Miguel. Y poco a poco, esa imagen casi fantasmal, se va perfilando para deleitarnos con su belleza y con su imponente elegancia. Rodeados de riadas de peregrinos que acuden al monasterio, finalmente llegamos a las puertas de la ciudadela. Y entonces, la primera fascinación, se transforma en admiración.
Su Historia y Leyenda:
… y desde aquel mirador, viajamos en el tiempo, a aquéllos siglos en que allí no había más que una gran masa rocosa que se alzaba entre los límites de Normandía y Bretaña. El Monte Tumba, así se le llamaba allá por el siglo IV, cuando el bosque de Scissy ocupaba toda la zona. Aquél lugar ya era por aquél entonces un lugar de peregrinación y de ermitaños. Cuenta la leyenda que San Auberto, que era obispo de Avranches, una ciudad cercana al Mont Saint Michel, recibió una noche la visita del Arcángel San Miguel, quien tocándole en la frente, le introdujo la idea de la construcción de una Abadía en aquel monte, dedicado a su nombre. Corría el año 708. Piedra a piedra, se levantó aquel inmenso Santuario sobre la roca, y en poco tiempo a su alrededor se fueron estableciendo los peregrinos, conformando la actual ciudadela que la rodea. Sin embargo, apenas un año después, en el 709, un gran cataclismo hizo que el mar se adentrara en tierra e inundara toda la zona, dejando aislado el Mont Saint Michel. Desde entonces, el monte se ha convertido en una auténtica fortaleza, pues ese fenómeno de las mareas se repite dos veces diariamente, dejando a la ciudadela y su Abadía unida a tierra solamente por su carretera. Dicen que es tal la velocidad a la que suben las mareas, que el agua atraparía con facilidad a un caballo al galope… por eso, con cada subida del mar, las campanas del Monte, avisan con suficiente antelación, pues se ha convertido en casi una tradición o una curiosidad turística, el observar esa subida del mar a ras de orilla.
Muchas leyendas han corrido desde su construcción en el 708; desde aquel día en que supuestamente el mar atrapó en su huída a una mujer embarazada, y ésta reapareció andando por la orilla y con su niño en los brazos, cuando el mar volvió a apartarse; hasta los que creen tener visiones de enfrentamientos mitológicos sobre el propio monte entre las fuerzas del mal y el Arcángel San Miguel.

La Ciudadela
Sobre una isla de 900 metros de circunferencia y 80 de alto, lo primero con lo que nos encontramos es con el pequeño pueblo que rodea a la Abadía. No hay nada más agradable que callejear por la muralla, y no sólo ir admirando el paisaje que desde ella se tiene, sino también disfrutar con las numerosas tiendas de souvenirs que hay en el pueblo. Y es que este pequeño pueblito vive de eso; del turismo; de los peregrinos. Son varias las callejas empinadas las que suben hacia el Monasterio; y en todas podremos comprar los típicos recuerdos, y sobre todo la clásica figura de san Miguel. Por lo demás, poco hay que ver en el pueblo, salvo quizás la Iglesia de St. Pierre, un pequeño edificio de los siglos XV-XVI.
La Abadía
El conjunto monástico comprende la iglesia abacial (la que en cualquier foto se puede ver en lo más alto del Monte), la abadía románica, al oeste, y la Mervell al norte, donde se encuentra el famoso claustro, construidos por los monjes benedictinos en el siglo XIII. A ella se accede desde varios senderos, a cual más lleno de gente que suben bien por admirarla, bien por orar entre sus muros; senderos que serpenteantes y empinados llegan hasta las mismas escaleras de acceso, las que nos abrirán paso hacia su nave de estilo románico…
… y tras descender nuevamente hasta los mismos pies del monte, donde la marea inunda sus tierras, nos volvemos para echarle una nueva mirada, y grabar en nuestras retinas su imagen mágica…
“Peregrino, siembra tu sueño
a mis pies, en mi orilla
allí donde el mar se hace dueño
aquí donde mi luna brilla…”
¿Es caro comer en Japón?
Es una de las preguntas que mucha gente se hace, junto con la de cual es el nivel de vida del japonés medio, cuando uno quiere viajar a Japón y está preparando un presupuesto.
El caso es que mucha gente que ha viajado a Japón reconoce que esto es un mito y que desde luego no es necesario ser rico ni mucho menos para viajar al país del Sol naciente.
Uno de nuestros viajeros japoneses preferidos, Hector García “Kirai”, nos comentaba en un congreso como la continua devaluación que ha experimentado el yen respecto al dolar y al euro está permitiendo a los occidentales viajar de forma muy barata a Japón. Aquí os ponemos el video donde nos comenta las diferencias del precio de la comida a su regreso a Madrid después de mucho tiempo en Tokio.
[… Por ejemplo yo acabo de llegar ayer aquí y me encuentro con un menú del día por 10 euros… y digo Joder! Como está el tema!. Este menú que véis aquí, es en el centro de Tokio, con el que más o menos comes, y cuesta 2 euros y medio… y se supone que es una de las ciudades más caras del mundo…]
La Mezquita: arte califal en Córdoba

“MIRANDO a un dios desconocido,
a un dios sin nombre,
a un dios sin forma,
un dios sin principio ni final.
Pensando en un dios que es eterno,
que es absoluto y es uno,
que está en nosotros y fuera de nosotros,
que es antes y es después
de toda creación visible.
Pensando y mirando, y sintiendo,
fluir en silencio la vida,
dentro de nosotros, en nosotros,
a través de nosotros mismos,
nos acercamos al templo,
nos llegamos a la quibla.
Y aquí cesamos en todo,
para no sentir, no mirar,
no pensar.
Ser, solamente ser”
(Antonio Enrique-1991)
Este bello poema refleja perfectamente el sentir de quien avanza paso a paso por aquel mágico templo, rodeado de coloridas columnas y dovelas, rojas y blancas, que parecen marcar un camino no señalizado dentro de un extraño laberinto de luces y sombras. Avanzando por su interior, sin bajar la vista, siempre mirando a sus arcos y a sus techos, oímos en medio del sonido del silencio, cómo nuestros pasos sobre el mármol se pierden en un itinerario sin orden ni final.
Pero empecemos por la que es quizás una de las más bellas plazas que nos podamos encontrar en Córdoba, la ciudad califal que acoge esta impresionante obra de arte que es la Mezquita: el Patio de los Naranjos. Situémosnos en su centro, e intentemos aspirar su aroma de abril y mayo a azahar, a frescor, a libertad. Y envueltos en ese cálido olor, recordaremos cómo en época árabe, allí, en aquel mismo patio se realizaban las abluciones; como se impartía justicia a las puertas del templo; miraremos hacia otro de sus lados, y veremos como, ora astrónomos, matemáticos y tantos y tantos sabios que poblaron la Córdoba de aquélla época propagaban su saber entre las gentes de a pie, y ora comediantes y teatrillos entretenían con sus leyendas y sus cuentos a los niños, que, sentados se arremolinaban a su alrededor. El Patio de los Naranjos, hoy día, está considerado como el jardín vivo más antiguo de Europa, pues sus comienzos datan del año 784, bajo el mandato de Abd al-Rahman I. Si nicialmente, estos jardines estaban formados básicamente por cipreses y palmeras, hoy día son los naranjos los que lo invaden: noventa y oho naranjos que fueron plantados durante el siglo XVIII. Del siglo XVI, por el contrario, son los claustros que en uno de los lados del jardín podemos observar. El recinto de ciento treinta metros, y cerrado, se divide en tres jardines en cuyo centro hay una bella fuente.
… y una vez admirado y aspirado el agradable ambiente de este soberbio jardín, el corazón se nos encoge al poner el pie dentro del templo y observar por primera vez la impresionante Sala de las Columnas… más de 800 columnas y arcos que se distribuyen geométricamente y que se esconden a la vista allá en el fondo, en un paisaje sin final. Fue el propio Abd al-Rahman I el que comenzó su construcción, edificando su primer oratorio a mediados del siglo VIII, inspirándose en una mezquita que existía por aquel entonces en Jerusalém. El resultado fue la construcción de once naves con 110 columnas en mármol y granito, con capiteles romanos y bizantinos. Sobre ellos, arcos abovedados en colores rojos y blancos. Su descendiente, Abd al-Rahman III, ordenó erigir el alminar medio siglo más tarde, mientras que Al-Hakam II amplió la mezquita otros doce tramos más. De la posterior época de Al-Manzor es la parte en que las columnas son de mármol azul, época en que casi se dobló en tamaño la superficie de la Mezquita, hasta alcanzar los 24.000 m2 que tiene.

Pertenecen a la época de Al-Hakam II las dos partes quizás más bellas del templo: el Mihrab, decorado en mármol ricamente labrado, y la cúpula octogonal de la Kibla, con arcos entrelazados. De esta época destacan los capiteles corintios y los mármoles en azul pálido y rosa.
La construcción en su interior de la catedral cristiana quizás haya sido una de las más mayores aberraciones que se hayan podido realizar en cuanto a reforma en el conjunto arquitectónico, pues se destruyeron una parte de las obras realizadas durante la época de Abd al-Rahmán III y Almanzor. Su construcción empezó bajo la supervisión de Hernán Ruiz el Viejo en el año 1523, por expreso mandato de Carlos V, pero no se terminó hasta el año 1766. En él se conjugaron los estilos góticos, plateresco, renacentista y barroco; la nave y el crucero son en Cruz Latina, con arcos góticos. La zona del Alminar, torre situada en el patio, desde la que en época árabe se llamaba a la oración, fue cubierta por elementos barrocos, cubriendo por tanto, todos aquellos restos árabes que la componían.
Habría que destacar dos curiosidades en este edificio: en primer lugar, cualquier mezquita se supone que ha de estar orientada hacia La Meca…. ésta en concreto, a pesar de ser la tercera más importante del mundo, no lo está, pues su orientación es hacia Damasco, ciudad por la que sentía pasión su inspirador Abd al-Rahmán I. En segundo lugar, la situación del Mihrab. El Mihrab es el lugar más sagrado de cualquier tmeplo árabe, pues recuerda al sitio que el profeta Mahoma ocupaba en su Mezquita de Medina. Es el arco o lugar situado en el centro del muro de la Kibla, que marca la dirección a La Meca. En el caso de la Mezquita cordobesa, el Mihrab no se encuentra situado en el centro del templo, donde debería estar; y ésto se debe a la posterior ampliación que realizó Almanzor, que al realizarla por la parte oriental, pues ya no le quedaba más espacio por los otros lados, dejó descentrada su localización.
… y una vez admirada esta maravilla, declarada Patrimonio de la Humanidad, ya sólo nos queda perdernos por las estrechas callejas del barrio de la Judería… pero esa, esa es otra historia….
Los mejores destinos de vacaciones
El Caribe
Unas vacaciones por el Caribe en una magnífica isla caribeña puede ofrecernos muchas emociones y también mucha relajación en un sensacional ambiente tropical. La zona más al este de las islas, conocidas comunmente como las Antillas menores, Trinidad y Tobago, entre Puerto Rico y Venezuela poseen unas montañas impresionantes, bosques tropicales y playas de arena blanca así como de arena negra.
La parte Oeste del Caribe es muy conocida por sus ruinas mayas, hoteles de lujo, el carnaval… San Martín, San Tomás, San Juan y Barbados son los destinos favoritos por los turistas que quieren visitar esta zona del caribe
Europa
Paris, Francia. Hogar de la Torre Eiffel, es uno de los destinos más elegidos por los recién casados.
No sólo está París en Francia, existen otros destinos más tranquilos pero no por ello menos acogedores. No te pierdas los jardines y museos de Lyon y Marsella.
Roma, Italia. Italia es quizás una de las ciudades europeas más ricas en lo que a la historia se refiere. Monumentos antiquísimos, museos fantásticos, fuentes, iglesias medievales… palacios… todo ello cubierto de un encanto especial. Si te pasas por Italia no dejes de probar ninguno de sus platos, tiene una de las cocinas más exquisitas.
América
Hawaii, donde se encuentran las playas más vírgenes. Hawaii y las pequeñas islas que la rodean, ofrecen exhuberantes alojamientos, aguas cristalinas y mucho mucho sol para los turistas. Aparte de Hawaii, conocida como la Gran Isla, hay otras cinco preciosas islas para visitar, como Maui, que cuenta con volcanes y cataratas para fotografiar.











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